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Tipos de piel


La piel constituye el órgano más extenso del cuerpo humano y animal. Sus tres capas principales se denominan (desde la superficie a la profundidad): epidermis, dermis e hipodermis. Su función consiste en la protección del organismo en relación con el medio exterior

Se puede clasificar en dos clases de acuerdo a las características de la epidermis:

PIEL GRUESA: esta clase de piel se caracteriza por su tosquedad en la superficie y su coloración amarilla, a causa de la queratina. Presenta dilatación en sus poros y es observada en aquellos individuos que se exponen a la luz solar de manera regular.

PIEL DELGADA: a diferencia de la anterior, este tipo de piel posee un aspecto uniforme y su tonalidad es de un rosa traslúcido. Los poros, por otra parte, no son perceptibles y se presenta mayormente en el género femenino.

Según la dermis:

PIEL TÓNICA: se reconoce debido a su flexibilidad y tensión.

PIEL FLÁCIDA: la piel flácida es la carente de elasticidad y de capacidad de restauración, como producto de una deformación en la zona involucrada. Aunque se cree que esta piel es consecuencia del envejecimiento, hay pieles jóvenes que también presentan flacidez debido a una disminución del peso corporal de manera brusca.

La piel también puede clasificarse de acuerdo a las secreciones de la misma:

PIEL GRASA: la piel grasosa presenta dilatación en sus poros y una brillantez característica. Las personas que poseen esta clase de piel tienen una actividad considerable de sus glándulas sebáceas.

PIEL SECA: se caracteriza por poseer asperazas y falta de elasticidad en la superficie. Aunque los poros son pequeños su aspecto es quebradizo. La piel seca se presenta como producto de una mengua en la cantidad de agua del estrato córneo.

PIEL NORMAL: esta piel se presenta como consecuencia del equilibrio entre gratitud y sequedad. Es una piel elástica y uniforme con poros de pequeñas dimensiones.  Suele adaptarse favorablemente a los cambios de temperatura y carece del brillo característico de las pieles grasosas.



PIEL SENSIBLE: presenta una resistencia menor en comparación con la piel normal. Esto significa que es afectada por ciertos estímulos a los que ésta última no reacciona. Por ejemplo, es posible que una piel de tipo sensible presente rojeces, fragilidad, etc.

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