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Tipos de adaptación


La palabra adaptación es la acción y el efecto de adaptarse, lo que significa ajustar o acomodar alguna cosa a otra. Este concepto puede ser utilizado en múltiples áreas, una de ellas en el deporte, donde se puede hablar de dos tipos:

Adaptación inmediata: este tipo de adaptación, también conocida bajo el nombre de rápida, se manifiesta cuando un deportista responde con alteraciones orgánicas inmediatas ante algún entrenamiento. Estas alteraciones le permiten al individuo dar una respuesta rápida y eficaz al estímulo. Un ejemplo es por ejemplo cuando un deportista incrementa su frecuencia cardíaca cuando comienza a correr rápidamente y, una vez que el estímulo se ausenta, desaparece. Esta adaptación se caracteriza por verse condicionada por cualidades de la carga, como por ejemplo la intensidad o el volumen y por la capacidad que tenga el individuo para recuperarse. Además de esto, se debe tener en cuenta que el organismo no se adapta de forma estable, sino temporal.

En el proceso de adaptación rápida se diferencian tres etapas: la primera de ellas se vincula con los sistemas que se utilizan para poder llevar a cabo la tarea requerida y que por lo tanto es aquí cuando son activados. La segunda etapa se da cuando dichos sistemas funcionan de manera estable y la tercera es la que se vincula con elevados niveles de cansancio a causa de situaciones inestables.

Cuando se produce una sumatoria de procesos rápidos de adaptación, el individuo puede lograr adaptaciones con mayor estabilidad. Para alcanzar esto, es necesario que el individuo realice un trabajo de forma continua, para no perderla.

Adaptación a largo plazo: esta forma de adaptación, también conocida bajo el nombre de crónica, se produce cuando el organismo es sujeto a prologados así como también intensos procesos de adaptación inmediata. A pesar de esto, la adaptación crónica siempre se ve limitada por el potencial genético del propio deportista.

Si bien esta adaptación puede resultar más efectiva cuando se recurre a cargas elevadas y exigentes de forma frecuente, esto podría ocasionar diversos riesgos en el individuo, como el agotamiento funcional del sistema  que más se utilice a lo largo de la actividad o bien, la disminución de la eficacia y funcionalidad del sistema trabajado.



Las etapas que componen a la adaptación a largo plazo son cuatro. En la primera, aquellos recursos que sean los que el individuo necesite para llevar a cabo la actividad se movilizan de forma sistemática. En la segunda etapa, las cargas se incrementan progresivamente, produciéndose cambios funcionales y estructurales en el propio organismo. En la tercera, el individuo alcanza la adaptación estable. En la cuarta, si el deportista realiza el trabajo de forma demasiado intensiva o poco racional, el organismo puede padecer alteraciones negativas.

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