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Tipos de actitudes


Una actitud es una posibilidad de contestación a alguien o a algo aprendida y aunque relativamente permanente, el ser humano es capaz de modificarlas, para cambiar el rumbo de su vida, ya que la actitud, es una característica muy importante del ser, solo hace falta transformar el punto de vista que se tiene de determinadas cosas o acciones. Se trata de una continuidad de afirmaciones, de conductas  hacia las personas, de emociones, ideales, temas explícitos, aprendidos a través de la experiencia y del grado educativo que posea cada individuo. Los factores genéticos también cumplen un rol importante en las actitudes de la persona.

Si se utiliza el sentido más general de la palabra actitud, se pueden distinguir solo tres clases de las mismas; la actitud positiva, la neutral y la negativa. Existe una cantidad significativa de actitudes que utilizan las personas, en diferentes ámbitos de su vida. Se distinguen: optimismo, gratitud, autoridad, tolerancia, sinceridad, satisfacción, hostilidad, desconfianza, constancia, entre otras.

Existen diferentes tipos de actitudes que describimos a continuación:

Actitud desinteresada: la persona que posee esta cualidad de moverse en  la realidad, no se impacienta por el beneficio que pueda traerle tal hecho o actividad a su vida; su eje de orientación se distingue dirigido a la otra persona, con total empatía, que no pasa a considerarla una herramienta, sino una conclusión. Las cualidades necesarias para que se de este tipo de actitud, son la solicitud y aprobación, la apertura, y encontrarse en servicio disponible.

Actitud manipuladora: se refiere a personas que no consiguen progresar por sus propios medios; por esta razón buscan a otro, lo utilizan como un instrumento, de modo que el cuidado que se le confiere, desde un principio tuvo como fin: la investigación para su propio beneficio.

Actitud emotiva: se produce cuando las personas en cuestión, conocen de una manera más personal  al individuo, por esto su trato es afectuoso, rozando la franja  emocional de ambos.
El afecto, el cariño, el enamoramiento, son emociones más fuertes y más íntimas o particulares, que se hallan ensambladas a una condición de generosidad.

Actitud interesada: cuando un individuo quiere llegar a un fin determinado, y posee este tipo de actitud, lo confirmadamente factible es que se beneficie de los lazos que tiene con diferentes personas como una táctica para conseguir su objetivo.

Actitud integradora: con ésta se pretende conseguir la unión de las personas, a través de la comunicación que se origina entre individuos, buscando con esto, concebir su universo íntimo y su bien.

 

Se pueden distinguir actitudes para o en el trabajo:

Satisfacción en el trabajo: hace referencia a la forma global en que la persona se encuentra enfocada hacia la labor que ejecuta. Si se conoce que el sujeto se considera satisfecho con el compromiso que perpetra, manifestará una clara manera positiva de referirse hacia el mismo.

Compromiso con el trabajo: se trata del nivel en que un individuo se identifica con el trabajo que se encuentra cometiendo. Esto lo manifiesta, trabajando de forma activa, denotando un evidente interés por la ocupación que desempeña. Empleados con estas características engloban una menor porción de ausentismo y sobretodo de renuncia.

Compromiso organizacional: con esto se quiere entender en qué grado un empleado se equilibra con una organización determinada y con las metas a realizar, asimismo, se pone en juego también la ambición por permanecer en ella como parte de sus integrantes.



Además se utiliza una clasificación, para encasillar a las personas según se desarrollen de manera:

Proactiva: este tipo de actitud se observa en un individuo motivado en concretar el propósito de alcanzar los objetivos anhelados, tanto en el ámbito laboral, como en relación a sus objetivos personales. Siempre encuentra soluciones a inconvenientes, nada lo frena. Esta motivación lo lleva a tomar iniciativa y realizar acciones sin que nadie se lo tenga que comunicar (ej. un jefe).

Negativa: absolutamente todas las actividades o labores que efectúan o plantean, se encuentran (según esta actitud) rociados de desperfectos, que este tipo de personas son expertas en descubrir.

Reactiva: a este tipo de sujetos les encanta seguir reglas predeterminadas, por lo que realizan su trabajo como mejor lo consiguen, pero siempre están a la expectativa de aceptar mandatos con instrucciones explicitas. Tienen muy poca capacidad de seguridad e iniciativa, asumiendo como consumación de sus tareas,  la limitación instaurada por él mismo de solo limitarse a desempeñar trabajo para lograr su objetivo y la sensación de sentirse útil como persona.

Colaboradora: se lo conoce como una persona que siempre se encuentra motivada y dispuesta a ayudar, en lo que sea necesario para conseguir la conclusión de sus objetivos, desde el primer momento que se le presente. Se la observa en un plano más alejado, siempre detrás de un empleado principal, en un plano de tipo secundario.

Pasiva: dentro de un grupo es fácil de identificar, siempre prefiere pasar desapercibida, sin realizar ningún tipo de esfuerzo que signifique alcanzar algún fin.

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