Importancia de las vacunas

¿Qué son las vacunas?

La vacunación es una estrategia sanitaria fundamental para prevenir enfermedades, con un enorme beneficio no solo para cada individuo, sino también para la comunidad en su conjunto. Esto sucede porque con las vacunas, es decir, los preparados que se introducen en el organismo con el objeto de prevenir y curar enfermedades, se logra la inmunización. De esta forma se bloquea la posibilidad de transmisión del agente infeccioso y se evita el contagio.

La sociedad toda resulta beneficiada con la implementación de las vacunas, además se reducen enormemente los gastos de salud pública. Si bien es cierto que una pequeña fracción de personas tal vez no responda a las vacunas, está comprobado que la práctica de la vacunación, sobre todo en los niños y en las poblaciones expuestas, está indicada y es costo-efectiva.

Hacia un mundo libre de enfermedades

Es innegable que la tasa de mortalidad ha descendido abruptamente desde que se han introducido las vacunas. Millones de vidas se han salvado desde que se aplican vacunas, y lo que es más importante aún: se ha conseguido erradicar importantes enfermedades infecto-contagiosas que han hecho estragos en épocas pasadas, como la tuberculosis, la poliomielitis o la viruela. Esta última producía la muerte de uno de cada cuatro individuos infectados.

Es importante destacar que en mayo de 1980, la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró que la viruela había quedado definitivamente erradicada (el último caso informado había tenido lugar en Somalía, África). Por desgracia no sucede lo mismo con la poliomielitis, que aún sigue siendo endémica en Afganistán, Nigeria y Pakistán. De todos modos la situación ha mejorado mucho, pues se redujo en más de un 99 % la incidencia de esta cruel enfermedad (350.000 casos notificados en 1988 vs. solo 416 en 2013), que lleva a la parálisis y a la muerte cuando afecta los músculos respiratorios.

La vacuna también tiene su historia

Los primeros escritos referidos a prácticas elementales de vacunación datan del siglo XI: lo que se hacía por aquel entonces era inocular con costras de viruela de personas enfermas a las personas sanas, proceso luego conocido como “variolización”. Obviamente no era un método seguro y se estima que alrededor del 3% de los inoculados morían tras este procedimiento.

La vacunación con basamento científico vino hacia el siglo XVIII con el extraordinario aporte del  médico inglés Edward Jenner, quien tras haber observado que trabajadores en contacto con ganado bovino (ordeñadores) eran aparentemente inmunes a la viruela, tomó pus de una pústula de la mano de una ordeñadora que había contraído viruela vacuna de su vaca e inoculó a un niño sano mediante dos incisiones superficiales. El niño tuvo una leve enfermedad y desarrolló una vesícula en los puntos de inoculación,  pero no enfermó.

La mayoría de las vacunas se producen a partir de los agentes infecciosos, que son inactivados a fin de suprimir  su capacidad de producir la enfermedad, pero manteniendo su habilidad para estimular la respuesta inmunitaria de la persona vacunada, con el consiguiente efecto protector. También hay vacunas que se producen a partir de los gérmenes atenuados o de algunos de sus componentes. El objetivo de la vacunación es activar mecanismos de defensa similares a los que se desencadenan en la infección natural.

Nuestros escudos protectores

Existen vacunas inyectables y otras de administración oral, como la Sabin contra la poliomielitis. A menudo se requieren varias aplicaciones a intervalos establecidos para conseguir un efecto protector duradero, como con la vacuna de la hepatitis. La manera de mantener a la población protegida es haciendo cumplir el Calendario Nacional de Vacunación. La mayoría de los países disponen de tales protocolos preventivos, donde los niños son vacunados al poco tiempo de nacer y durante los primeros años de vida. Todo médico pediatra instruirá a los padres acerca de las vacunas que deben recibir los niños, y es una responsabilidad fundamental del adulto seguir rigurosamente estas indicaciones.

Según datos de la OMS, las vacunas evitan hasta tres millones de muertes al año al proporcionar  inmunidad contra enfermedades graves como el sarampión, la neumonía, la difteria, la rubeola o el tétanos. Sin embargo, se estima que  unos 22 millones de niños que viven en las zonas más pobres del mundo aún no reciben las vacunas básicas; lo que representa un desafío y una deuda social que no hay que olvidar.

La mejor manera de prevenir las infecciones es mediante la aplicación de vacunas. Hoy en día se dispone de un calendario ampliado, al que a las vacunas clásicas se han sumado otras como aquella contra el virus de la hepatitis B, contra Haemophilus influenzae tipo B y contra meningococo. En algunas regiones también se vacuna contra rotavirus, que son agentes causales de graves diarreas, que a menudo llevan a la desnutrición.

Asimismo, no se debe olvidar que las vacunas no son solo para los niños, sino que también son fundamentales en los adultos mayores y en otras poblaciones de riesgo (trabajadores de la salud, personas en contacto con animales, etc.). Lamentablemente, existen ciertos mitos con respecto a las vacunas en los niños. Por ejemplo, que al aplicar varias  vacunas se puede sobresaturar la capacidad de respuesta del sistema inmunológico del menor y debilitarlo. Esto no es cierto, dado que el sistema inmunológico es capaz de responder a una gran cantidad y variedad de antígenos.

Las reacciones adversas que producen las vacunas en general son transitorias y no revisten mayor gravedad. Indisposiciones leves como resfrío o tos, incluso una diarrea leve, no son contraindicaciones para vacunar, y ya es indiscutible hoy que los beneficios de la vacunación exceden con creces sus eventuales riesgos.

Artículos Relacionados:

Cómo citar este texto

Enciclopedia de Clasificaciones. (2016). Importancia de las vacunas. Recuperado de: http://www.tiposde.org/salud/891-importancia-de-las-vacunas/